SEGUNDO DESEMBARCO

 

Colón desembarcó en América, con la intuición y la esperanza de sembrar la simiente de un mundo desgastado, con sombras y luces, hacia lo desconocido… hacia el reencuentro con otros rostros, otras costumbres, otras esperanzas, otros corazones.

La Niña, la Pinta y la Santa María se arriman a una costa desconocida y, dicen, entregan espejitos a otros seres desconcertados…

Don Bosco desembarcó, trajo otros espejitos. Nada de dominar a extraños pueblos – ignorantes de aquella civilización europea envejecida. Espejos que reflejan la esperanza, la grandeza y generosidad; espejitos para penetrar en los corazones con amor, parar dar riqueza espiritual, para llegar simplemente, sin prepotencia. Un mundo y otro mundo. Don Bosco, sin discursos, sin vanidades, sin imponerse, abre la luz del corazón para dar luz, bondad y alegría de vivir.

Colegio y Liceo Pío, en Villa Colón. Lasagna, con Don Bosco en su corazón y el espíritu que éste inyectó en el corazón y la voluntad de sus hijos. Sin imponer, sin asombrar, sin humillar.

¡Cuántos humildes y poderosos, cultos o incultos, vivieron ese espíritu tan grande como auténtico!. Un observatorio, un liceo, una bodega, una iglesia, para juntar: la vida sana pero fuerte. El conocimiento para ser sembrado en este bendito Uruguay. Miles de páginas no alcanzarán para nominar la historia de humildad y sabiduría, del pan de cada día, de cada uruguayo, y la luz fuerte para iluminar los espacios opacos por ignorancia y vanidad. La tarde tiembla en cada quietud de silencio para vivir adentro – en lo bueno y lo malo, para valorar el pasado y lanzarse a conquistar el futuro.

¡Villa de Colón! ¡Villa de Don Bosco!. Físicamente no llegó tu cuerpo, pero sí su espíritu. Se esconde en cada rincón del patio, de la biblioteca, de los salones de clases, de los patios poblados de voces juveniles en sus juegos y en sus encuentros.

Don Bosco: el Pío es fruto de tus sueños. Yo lo siento en mi alma y cuanto más penetra en forma auténtica en mi mente y mi corazón, más deseo alcanzar a ese genio de lo simple, pero enorme, capaz de darnos el real valor de la vida. En cada rincón del Pío siento un “chist” alerta con esa oleada de la nueva vida, atento al progresar con limpieza, sin vanidad. La meta está allí, no te detengas.

Cierra las puertas al oleaje de la vanidad, de pequeñez de espíritu, al egoísmo. Con fuerza y amor se llega a los corazones, que esta historia no es historia. Los muros, los árboles no hablan si tienes muchos ruidos dentro. Don Bosco sembró en sus hijos: humildad para conquistar y grandeza y lealtad, fuerza limpia para lograr metas. “Tu alma hijo es un talismán de milagros, si no impones, si no engañas, si no te disfrazas…”

¡Salud! Y un abrazo con Don Bosco, aquí que las paredes hablan. Cada átomo es una fuerza para vivir con amor y luz.

                                    Un ex-alumno