A
comienzos de 2010, dos terremotos asolaron a Haití y al centro de
Chile. A pesar de ser cincuenta veces más fuerte, el chileno tuvo
trescientas veces menos víctimas fatales que el haitiano. Se afirma
que la diferencia estuvo en la calidad de las construcciones, muy
superiores las del país andino que las del caribeño.
En Uruguay siempre se dice que "que
bueno que acá no tenemos terremotos", sin embargo, no estamos libres
de otro tipo de sismos. Como en todos lados, la gente es sacudida por
los conflictos familiares, por los problemas de salud, por angustias
económicas, y no todos reaccionan de la misma manera frente a la
adversidad.
¿Cuántos "terremotos silenciosos"
se registran en nuestra cuadra, en nuestra ciudad, cada día?. ¿Cuánta
gente se sumerge en la depresión o en las adicciones, después que les
toca sufrir uno de ellos?.
Cuando un problema "mueve el piso",
solo la firmeza de las convicciones puede hacer que una persona se
reincorpore. Si no buscó o no pudo encontrar el sentido de su vida,
para "construir su casa" sobre cimientos firmes, estará más cerca de
lo que pasó en Haití de lo que sucedió en Chile, para usar la
referencia del comienzo.
Esto no es cuestión de decir que
unas personas sean mejores que otras. Lo que importa es darnos cuenta
que la solidaridad no solo pasa por ayudar al que está sufriendo,
también por ayudar a prepararse para cuando vengan las dificultades.
En las situaciones límite, se
valora el haber descubierto quienes somos y hacia donde nos lleva el
camino que elegimos, se valoran los consejos y los mensajes recibidos.
Ayudar a conseguir un trabajo,
acompañar a un enfermo, una campaña solidaria, una movilización en
favor de, son cosas que se pueden ofrecer o recibir, pero superarán (o
superaremos ) esos "terremotos silenciosos" si las personas saben
porqué tienen que hacerlo.
"Lo que hemos visto y oído se
lo damos a conocer" (1 Juan 1,3). Esta idea está en el centro de la misión del Pío y
de nuestro sitio. Una misión que debe movernos a llegar a toda la
gente de nuestros barrios, no con un afán proselitista sino con la
certeza de que estamos dando lo mejor que tenemos.
Alejandro França