La vigencia de  "Cambalache"


En los versos de Cambalache queda grabado con tintas indelebles el derrumbe de la Argentina agraria. La  desocupación crea una apremiante lucha por la existencia. Los viejos mitos se derrumban y asoma la verdadera y siniestra faz del país semi colonial. Discépolo, con su aguda sensibilidad, contempla desorientado el derrumbe de todos los valores: en ese "Cambalache" sin orden ni destino, lo mismo  importa Napoleón que Don Chicho, el pistolero de la "mafia", y perdida ya toda fe en el porvenir del país, el boxeador Primo Camera bien puede remplazar al general San Martín. Las proverbiales normas de conducta dejan de tener vigencia y ocupan un lugar en la misma vidriera, el sable, con su heroísmo dormido, la Biblia, con su fraternidad inaplicable y el calefón, símbolo del moderno confort. 
En medio de ese tremendo "Cambalache", sólo caben las amargas palabras de Discépolo. Por eso el pueblo se reencuentra en ellas y sus versos vuelven a tararearse en las calles y en los cafés.
 
Sin embargo, algunos izquierdistas que creen en la existencia de un pueblo en estado químicamente puro - un pueblo lector de Hegel y Marx - critican a Enrique porque no se  vislumbra en sus versos una aurora luminosa. Pero Discépolo no es un político revolucionario, sino un poeta. Y en esa Argentina  del año 35 - donde no existe caudillo ni el ideólogo que señale soluciones - tampoco existe el intelectual que testimonie sobre la realidad del país. Por otra parte, demostrará, años más tarde, en su  única actuación política, que sabe luchar en forma abnegada por principios tendientes a desterrar ese panorama social de la Argentina y del mundo en ese sombrío año 35, mientras que sus críticos seudoizquierdistas trabajaban por ese entonces, para el reino de las sombras.

Muchos anos después de su creación, confirmando su vigencia, los Grupos de rock Hermética y Buitres lo ejecutan.

LA CENSURA SILENCIA SU DIFUSIÓN.

La difusión de " Cambalache "fue prohibida en dos oportunidades por gobiernos militares argentinos. En 1943, se dictó una orden de limpiar el vocabulario popular, particularmente en las radios, suprimiendo expresiones lunfardas o groseras. En 1981, el propósito fue evitar posturas deprimentes o pesimistas, consideradas contrarias al modo argentino de vida ".
Lo que podemos decir es que, el septuagenario Cambalache, donde la Biblia herida, sigue llorando junto al calefón, goza de buena salud. Una salud que asombra.
Que apunta a ser eterna.

Publicación consultada.
- GALASSO, N. - Discépolo y su época.
1995. Ediciones corregidor,

                    JORGE ALVAREZ ARGUDÍN