Circo modelo  siglo XXI

 

Los primeros cristianos convivieron  con una cultura en la que era la cosa más natural lo que conocemos como "circo romano". La gran diversión era ver como la gente se mataba en la arena. El dolor ajeno no era problema a la hora de pasarlo bien. Tuvieron que pasar varias generaciones para que la evangelización sensibilizase a esos pueblos  y terminasen esas prácticas. 

La idea de que todos los seres humanos comparten la misma dignidad y la misma razón de ser, dadas por el Creador, se extendía por primera vez, cambiando la cultura de la época.

Hoy en día, se contrapone a  esta concepción cristiana de la humanidad el llamado "relativismo", para el cual no existe una verdad absoluta sobre lo que somos. Con esta visión de las cosas, se relativiza el  valor de la vida, de las conductas, de los valores. Como decía Discépolo en Cambalache: "todo es igual, nada es mejor".

Cuando la vida no tiene un sentido claro "lo importante es que seas feliz", y los demás pueden ser eliminados, estafados, engañados, traicionados, sin que la conciencia remuerda.

"A salvo de su conciencia", como escribía Serrat, los más fuertes pueden establecer así la ley de la selva, no solo en las relaciones interpersonales sino entre los países ricos y los empobrecidos. 

Como en el tiempo de los circos romanos, se expande una visión del mundo que desprecia la vida. Como entonces, se hace urgente evangelizar la cultura contemporánea. 

Alejandro França