Los primeros
cristianos convivieron con una cultura en la que era la cosa más
natural lo que conocemos como "circo romano". La gran diversión era ver
como la gente se mataba en la arena. El dolor ajeno no era problema a la
hora de pasarlo bien. Tuvieron que pasar varias
generaciones para que la evangelización sensibilizase a esos
pueblos y
terminasen esas prácticas.
La idea
de que todos los seres humanos comparten la misma dignidad y la misma
razón de ser, dadas por el Creador, se extendía por primera vez,
cambiando la cultura de la época.
Hoy en
día, se contrapone a esta concepción cristiana de la humanidad
el llamado "relativismo", para el cual no existe una verdad
absoluta sobre lo que somos. Con esta visión de las cosas, se
relativiza el valor de la vida, de las conductas, de los valores.
Como decía Discépolo en Cambalache: "todo es igual, nada es
mejor".
Cuando
la vida no tiene un sentido claro "lo importante es que seas
feliz", y los demás pueden ser eliminados, estafados, engañados,
traicionados, sin que la conciencia remuerda.
"A
salvo de su conciencia", como escribía Serrat, los más fuertes
pueden establecer así la ley de la selva, no solo en las relaciones
interpersonales sino entre los países ricos y los empobrecidos.
Como en
el tiempo de los circos romanos, se expande una visión del mundo que
desprecia la vida. Como entonces, se hace urgente evangelizar la cultura
contemporánea.
Alejandro
França