De nuestro anecdotario: derecho al vino y a los celulares

La ayuda de los Vicentinos a las familias carenciadas ha consistido y consiste en
satisfacer en lo posible algunas de las necesidades básicas, sin demagogias,
aportando comprensión, afecto, procurando la superación de ellas, hecho que no
es fácil por la situación dramática que viven.

Con motivo de fechas especiales: día del niño, paseos, culminación del Apoyo es
colar y el Merendero, Navidad y fiestas de fin de año, etc. se han realizado jornadas  apuntando a crear un clima de familia. Por ejemplo, en el día del niño, merienda especial compartida, recreación a cargo de jóvenes liceales del Pío y de otros muchachos del barrio; entrega de juguetes, en ocasiones piñatas, etc. En los paseos con niños, visitas a lugares desconocidos por ellos; en los hechos, como si estuvieran prohibidos y el lógico disfrute por lo que ven y viven. En la culminación del estudio vigilado, algo similar a lo que ocurre en el día del niño; algún trabajo especial presentado por ellos, orientado por la maestra, obsequio a los chicos que aprueban el sexto año.  En Navidad, se refuerza la canasta con algún comestible extra, también fruta y pandulce.
Nos viene a la memoria el Padre Pittini, recordado por nosotros en varias notas, con su corazón grande, amando al prójimo como a sí mismo. En una Navidad, con-
siguió alimentos básicos incluyendo una botella de vino, para distribuir a las fami-
lias ubicadas junto al arroyo Pantanoso. Pero yendo al título, los derechos no pue-
den desconocer las obligaciones, de los esposos, de los padres con sus hijos. La
experiencia nos ha enseñado que, en las familias que asistimos encontramos, generalmente padres que gastan el dinero de las changas, de la mendicidad, el otorgado por el gobierno, en vino, en cigarrillos, en celulares dejando de satisfacer las necesidades básicas de su familia, principalmente de sus hijos. Incluso, "pasán-
dose" en la bebida los castigan. En esas situaciones, no tienen derecho al vino ni
a los celulares. La pobreza no se reduce por arte de magia. A no engañarnos y a no engañar.

JORGE ALVAREZ ARGUDÍN