Que viva la gente del siglo XXI

 

En Montevideo, doscientos años atrás, habían quienes iban a las misas de la Catedral acompañados de sus esclavos. Dos siglos después, nos resulta difícil entender como nuestra propia ciudad tuvo un mercado para la compra y venta de personas, como si fuesen ganado.

Sin embargo, esta posición anti-esclavitud, tan lógica hoy en día, se impuso después de mucho tiempo. Por ejemplo, Gregorio Niceno, un Santo del  siglo IV, escribía: "Posees, dices, esclavas y esclavos. ¿que cosa has encontrado que sea equivalente al valor de la naturaleza humana?".

Ayer, para justificar que no todos tenían derecho a la libertad, muchos defendían la idea de la existencia de razas inferiores. Hoy, para justificar que no todos tiene derecho a la vida, se pretende quitar la condición de ser humano a los niños que empiezan a existir.

En los países en los que está permitido el homicidio en los primeros meses de gestación, aumenta la conciencia social sobre esta injusticia: se movilizan cientos de miles de personas para oponerse, antiguos promotores de la despenalización, (como Simone Veil o Jane Roe) cambian de opinión y se declaran pro-vida, la ciencia arroja luz sobre la vida humana en sus primeras semanas.

En Uruguay, sigue la polémica sobre el perdón a algunos culpables, pero la legalización de una condena a muerte de niños inocentes parece ser un dato secundario, cuando se trata de elegir representantes.

Quitar, a través de la ley, el derecho a la vida a  determinados sectores es un retroceso, digno de las ideologías que han asolado el mundo en décadas pasadas. Y no tiene sentido oponer este principio  a otras cosas, como la pobreza o la situación de las madres, no se combate una injusticia con otra injusticia mayor.

Los uruguayos del siglo XX no podemos quitarle derechos  a los uruguayos del siglo XXI: eso no es progreso.

Alejandro França